La condición humana

musaquontas

La series de televisión son la nueva cinematografía. Ahora podría dedicar toda esta columna a argumentar esa frase; a explicar las razones por las que disfruto, como un voyeur en Amsterdam, de las series norteamericanas y británicas; a enumerar las ocasiones en las que me he revuelto de envidia viendo capítulos de The Wire, El ala oeste de la Casa Blanca, Breaking Bad, Black Mirror, A dos metros bajo tierra, American Horror Story, Homeland, Downton Abbey, Treme, Utopía, Mad Men,   incluso Perdidos; a relatar por qué no creo en Dios y sí en la HBO. Pero no lo voy a hacer. Sobre todo porque la trama de esta columna es otra y este párrafo debe entenderse como un pequeño previously antes de la cabecera.

Esta semana he visto el duodécimo capítulo de la tercera temporada de The Walking…

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